La trampa del optimismo, de Ramón González Férriz

Reseña del ensayo La trampa del optimismo, en el que su autor, Ramón González Férriz, hace un repaso a la década de los 90 y nos muestra cómo ciertas decisiones que se tomaron en aquellos años han tenido unas consecuencias, en ocasiones dramáticas, en nuestros días.


Volvemos al ensayo con un libro del que en su día me llamó la atención el título y cuyo contenido me ha parecido realmente interesante. Una mirada atrás a la década de los 90 y a las consecuencias derivadas de las decisiones tomadas durante esos años. Vamos a por él.

El libro del que hablamos hoy se titula La trampa del optimismo, está escrito por Ramón González Férriz, y lo publica Debate.

Cubierta de La trampa del optimismo, de Ramón González Férriz
La trampa del optimismo, de Ramón González Férriz
Ramón González Férriz, autor de La trampa del optimismo

Sobre el autor

Ramón González Férriz es un periodista español nacido en 1977 y en la actualidad escribe sobre política y cultura en el periódico El Confidencial. Fue editor de la versión española de la revista Letras Libres y también dirigió el semanario Ahora. Además de La trampa del optimismo ha publicado también los ensayos 1968. El nacimiento de un nuevo mundo (2018) y La revolución divertida (2012), ambos publicados también por Debate. Bicheando por ahí he visto que González Férriz ha sido uno de los encargados en traducir, junto a Marta Valdivieso, el libro de Deirdre McCloskey Por qué el liberalismo funciona, que será publicado por Deusto este mismo mes de noviembre.

Reseña de La trampa del optimismo

En este ensayo el autor recorre la década de los 90 desde distintas aproximaciones: política, económica y cultural, y además lo hace analizando tres escenarios o actores distintos: España, la Unión Europea y Estados Unidos.

Tal y como dice el autor al principio del ensayo, la década de los 90 se caracteriza, entre otras cosas, por desbordar sus propios límites temporales al haber comenzado en 1989 con la caída del muro de Berlín y terminado en 2001 con el derribo de las Torres Gemelas de Nueva York. Esta ampliación temporal es necesaria para entender la década como un conjunto homogéneo que aglutinó una serie de derivas o tendencias cuyo impacto estamos aún hoy experimentando.

La caída del muro de Berlín, el desmoronamiento de la Unión Soviética y la adopción progresiva de democracias liberales en todo el continente europeo marca el punto de inicio de unos años que vieron dichos acontecimientos como señales de esperanza. El capitalismo parecía haberse impuesto al fin al comunismo e incluso se imponía moralmente al modelo soviético.

Sin embargo, el autor pone la nota en que lo que realmente se produjo en algunos países del este de Europa fue efectivamente una adopción de los beneficios del capitalismo como sistema económico, una implantación de sistemas democráticos modernos pero sin querer soltar todas aquellas facilidades sociales gratuitas que ofrecía el comunismo.

La unificación alemana supuso todo un quebradero de cabeza y un desafío para la supervivencia de la Unión Europea debido a los encontronazos de una figura como la del canciller alemán Helmut Kohl con sus homólogos francés y británico.

En los 90 toma velocidad un proceso que ya venía gestándose desde mucho antes: la globalización. Esta se pretendía vender como el gran mecanismo que permite el progreso de todos los pueblos y, de hecho, sirvió para que muchos países pobres pudieran subirse al tren del desarrollo, pero que tras ella dejaba también una serie de consecuencias negativas, especialmente conflictivas en los países más desarrollados donde la deslocalización de muchas industrias debido a los menores costes de mano de obra y de producción de los países en vías de desarrollo lanzó a una clase media trabajadora a una situación de desamparo preocupante.

También asistimos en esta década a la creación de nuevos productos bancarios con los que los bancos excedían las que deberían ser sus competencias, actuando realmente como bancos de inversiones.

Esto se sumó a una situación económica en la que los bajos tipos de interés incrementó enormemente el crédito bancario a las familias y las empresas, algo que se vio muy bien en España con el aumento de la construcción de viviendas y la adquisición de estas en régimen de propiedad por parte de las familias.

Los 90 también fueron testigos de la gestación del euro, la nueva moneda única europea. Con cierta dificultad para salir adelante, al final el euro se convirtió en una historia de éxito pero que requirió de muchos esfuerzos tanto por parte de los estados miembros que lo adoptaron como por parte de la Unión Europea y el recién creado Banco Central Europeo para controlar las supuestas rígidas condiciones previas para su adopción, así como para la pertenencia a la unión monetaria.

Centrándonos en Estados Unidos, los 90 fueron la década de Clinton, un presidente envuelto por la polémica en sus últimos años de presidencia pero que durante esta supo aunar las metas sociales del partido demócrata a una política económica que hizo que el país norteamericano llegase a tener superávit.

Desde el punto de vista geopolítico, con la caída de la Unión Soviética Estados Unidos se había erigido como el ganador moral de una guerra fría que había durado décadas, y desde entonces impuso al resto del mundo su liderazgo, llegando a decidir invasiones de países, derrocamientos de regímenes aunque también el acudir al rescate de conflictos cruentos que, por momentos, parecían irse de las manos, como fue el caso de la guerra de los Balcanes.

¿Y España? Pues nos encontramos con un país que aprovechó el empujón de los años ochenta para entrar en los 90 con fuerza, organizando eventos como la Expo 92 y las Olimpiadas de Barcelona que pusieron al país en el centro del mundo y mostró que podíamos ser modernos, abandonando por fin esa mal llamada anomalía española.

Pero los 90 también fueron en España los años del pelotazo, del boom inmobiliario y de sonoros casos de corrupción, tanto política como económica.

Se produjo también la alternancia de partidos de distinto color político en el gobierno, lo que significó que, por fin, las transiciones políticas podían cobrar cierto aire de normalidad en el país —qué lejano y cuán deseable nos resulta esto ahora, ¿verdad?

González Férriz trata otras muchas cuestiones en una serie de capítulos cortos que se leen muy fácilmente y que constituyen toda una crónica de unos años que representaron a la vez la falsa ilusión de una estabilidad política y de un ilimitado crecimiento económico, un exceso de optimismo del que, tristemente, aún hoy estamos pagando sus consecuencias.

Dije al principio de la reseña que el autor también se acercaba a esta década desde el punto de vista de la cultura, y aunque hay partes que me han gustado especialmente, como la que dedica a la serie Friends y a cómo la serie reflejaba una cierta actitud de un espectro de la población estadounidense —quienes me conocéis ya sabéis cuánto me gusta esta serie—, sin embargo hay otras partes que, aunque interesantes, las veo de algún modo fuera del hilo argumental del libro. Es el caso del auge de la escena indie en España. Repito, muy interesante, pero no termina de convencerme como capítulo de este ensayo.

Coda final

En definitiva, un libro que me ha hecho recordar muchas cosas de unos años que, en mi caso, para mí fueron de los que mejor recuerdo tengo pero en los que sucedieron cosas que en esos momentos pasaron ante mi sin que les prestara mucha atención y que ahora, casi treinta años después, este libro me refresca y me hace verlos definitivamente decisivos en la conformación del mundo actual que vivimos. Estoy convencido de que Ramón González Férriz se lo ha tenido que pasar muy bien escribiendo este libro. Ambos nacimos el mismo año y eso me hace pensar que cierta nostalgia ha debido sentir durante su preparación.

Y hasta aquí mi reseña. Os recuerdo el título: La trampa del optimismo, de Ramón González Férriz, publicado por Debate. Un ensayo breve, ameno, a ratos divertido pero no por ello exento de rigurosidad, que os recomiendo leer.

Nada más, nos vemos en el siguiente episodio. Ciao.

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