El erizo y el zorro, de Isaiah Berlin

Reseña del ensayo El erizo y el zorro, de Isaiah Berlin, donde el autor analiza las distintas formas de concebir el mundo a partir de la figura de Lev Tolstói.


En su labor de estudioso de las ideas, el académico Isaiah Berlin siempre tuvo claro que categorizar de manera rígida casi nunca resulta ser una buena idea. Aunque la identificación y acotación tanto de ideas como de caracteres e incluso conceptos es necesario para crearnos una imagen del mundo, en realidad rara vez somos capaces de atisbar fronteras claras que dibujen los contornos de cada una de las unidades, y lo que tenemos ante nosotros son gradaciones entre las distintas opciones. Por tanto, no existen líneas delimitadoras, sino más bien eso que los angloparlantes denominan buffers, literalmente amortiguadores, que para nuestro caso podríamos definir como zonas de transición.

En El erizo y el zorro, una de sus obras más reconocidas entre el público general, Isaiah Berlin recurre a un fragmento del poeta griego antiguo Arquíloco sobre estos dos animales cuando dice que «el zorro sabe muchas cosas, pero el erizo sabe una sola y grande», y la utiliza para, de algún modo, hacernos ver la existencia de dos tipos de escritores y pensadores: aquellos que ven el mundo definido a través de la lente de una sola idea; y aquellos que se basan en una amplia variedad de experiencias y que se niegan a reducir la realidad a una única idea, visión o verdad. En el primer grupo podrían caer autores de la talla de Platón, Dante, Pascal, Hegel, Dostoievski o Proust, mientras que en el segundo entrarían Aristóteles, Erasmo, Shakespeare, Montaigne, Balzac o Joyce. Sin embargo, si bien Berlin hace uso de Arquíloco para exponernos estos dos grupos, nos advierte desde un principio del peligro de usar este tipo de clasificaciones de una manera rígida.

Y para ello nos presenta la figura de Lev Tolstoi, sin duda el paradigma que pone en entredicho esta clasificación.

El erizo y el zorro, de Isaiah Berlin
El erizo y el zorro, de Isaiah Berlin

Ya era hora de que volviera a traer al canal una reseña y no puedo estar más contento de que el libro que os traigo hoy sea el ensayo El erizo y el zorro de Isaiah Berlin. Tenía muchísimas ganas de leer algún libro de Berlin. Hasta el momento tan solo me había acercado a algunos textos sueltos, alguna conferencia, pero poco más. Además, andaba ya tiempo detrás de este ensayo. De hecho, fue una de mis peticiones a los Reyes Magos el año pasado, pero se ve que en aquel momento se olvidaron y decidieron recompensarme este año.

El erizo y el zorro, de Isaiah Berlin

Sobre Isaiah Berlin

Isaiah Berlin nació en 1909 en Riga, capital de la actual Letonia, por aquel entonces parte del imperio ruso. Con apenas ocho años vivió de cerca los horrores de la revolución rusa y en 1921 logró emigrar a Inglaterra junto con su familia. A lo largo de su vida, Berlin obtuvo tanto la nacionalidad británica como la estadounidense.

Reconocido politólogo e historiador de las ideas, Berlin es considerado uno de los grandes pensadores liberales del siglo XX. Isaiah Berlin no se caracterizó por desarrollar un corpus propio y compacto de ideas, es decir, no desarrolló ningún modelo de pensamiento o doctrina, pero sí que hizo ciertas aportaciones muy relevantes a la filosofía política como, por ejemplo, la diferenciación entre libertad positiva y libertad negativa, y los conceptos de Contrailustración y pluralismo de valores.

Berlin es también autor de una de las biografías más aclamadas sobre Karl Marx, que en España la tenemos publicada por Alianza.

Karl Marx, de Isaiah Berlin
Karl Marx, de Isaiah Berlin
Isaiah Berlin, de Michael Ignatieff
Isaiah Berlin, de Michael Ignatieff

Si queréis indagar un poco más en la vida de Isaiah Berlin os voy a dar dos opciones: por un lado, la biografía que hizo uno de sus discípulos, Michael Ignatieff, publicada por Taurus, y por otro lado el capítulo dedicado a Berlin escrito por Mario Vargas Llosa en su libro La llamada de la tribu, libro del que tenéis reseña en el canal.

Reseña de El erizo y el zorro

Precisamente Mario Vargas Llosa es el encargado de escribir el prólogo a esta edición del libro, que la tenéis en la colección Imprescindibles de la editorial Península, del Grupo Planeta.

La llamada de la tribu, de Mario Vargas Llosa
La llamada de la tribu, de Mario Vargas Llosa

Y con este prólogo, el libro comienza de una manera maravillosa. En él se hace patente la admiración del escritor peruano por la figura de Berlin. Se trata de una mini biografía del pensador letón centrada en sus obras y en las ideas que aborda en cada una de ellas.

El texto de Berlin se estructura en ocho capítulos. En el primero de ellos el autor nos presenta el fragmento de Arquíloco, os lo recuerdo:

El zorro sabe muchas cosas, pero el erizo sabe una importante.

Y aunque, como hemos dicho en la introducción, Berlin recurre a esta distinción para ubicar a una serie de autores, dicha frase es aplicable no solo a los tipos de personas, sino también a otros ámbitos como por ejemplo al debate sobre una educación especializada o generalista.

Berlin nos advierte del peligro de obsesionarnos de algún modo con esta clasificación y nos ofrece el ejemplo de Tolstoi y su visión de la historia como el paradigma de alguien que fue ambas cosas: un zorro que quería ser erizo. Para ello, Berlin nos llevará de la mano no solo a través de ciertos momentos de la vida de Tolstoi sino también de una de sus obras cumbre: Guerra y paz.

Guerra y paz, de Lev Tolstói
Guerra y paz, de Lev Tolstói

En el segundo capítulo del libro, Isaiah Berlin expone cómo la visión de la historia de Tolstoi es de algún modo peculiar, motivo por el que siempre fue y ha sido muy criticado, ya que, según sus críticos:

  • Obviaba ciertos hechos
  • Amoldaba la historia a su interés
  • Pecaba de cierta inexactitud

El tercer capítulo, el más extenso de todo el libro, nos explica el porqué del interés de Tolstoi por la historia. Básicamente, podemos dividir este interés en dos puntos:

Por un lado, se trata de las inquietudes intelectuales de Tolstoi por saber cómo y por qué las cosas ocurren como ocurren. Por otro lado, estamos ante la disconformidad o descontento del autor con las explicaciones dadas por los historiadores (y por las diferentes corrientes). Tolstoi exigía respuestas o explicaciones empíricas, y se muestra contrario a cualquier tipo de transcendentalismo, pero desconfía de que la razón pueda explicarlo y/o regirlo todo.

Una de las grandes ideas de Tolstoi es la que nos dice que los grandes personajes y sus acciones no son los que deciden la historia, sino la suma de todas las pequeñas acciones de todos los seres humanos. Por tanto, según Tolstoi la historia es inabarcable porque nuestro conocimiento es limitado al no poder conocer todas estas pequeñas acciones anónimas.

Esta cuestión me recuerda mucho a los que Henry Hazlitt nos dice en su libro La economía en una lección, cuando se refiere a la incapacidad de poder prever todas las consecuencias de la aplicación de una medida económica y, por tanto, de poder valorar su idoneidad o no.

Tolstoi piensa que el libre albedrío no es más que una falsa ilusión ya que, según él, son muchas las cosas que determinan lo que nos pasa. Como vemos, está a favor del determinismo histórico.

Y aquí es cuando nos encontramos ante la gran contradicción de Tolstoi: este autor escribe la historia como el conjunto integrado de las acciones de todos los seres humanos (estamos ante un zorro), pero cree en —y se empeña en encontrar— un principio universal que pueda explicarlo todo.

En el capítulo cuatro, Isaiah Berlin nos muestra cuáles fueron las influencias intelectuales de Tolstoi. Así nos encontramos tanto a Rousseau (aunque no precisamente coincidente en su concepción de la historia), los eslavófilos románticos y conservadores contemporáneos, Proudhon, Schopenhauer, Stendhal y, finalmente, Joseph de Maistre, un escritor católico ortodoxo reaccionario con quién curiosamente no podría estar más alejado desde un punto de vista ideológico —el realismo escéptico de Tolstoi frente al autoritarismo dogmático de de Maistre— pero con quien, sin embargo, comparte la creencia en un principio universal.

Berlin ocupará los capítulos cinco, seis, siete y ocho en plantear las similitudes entre las posturas de de Maistre y Tolstoi. En el capítulo cinco, se centrará en una serie de cuestiones centrales de esta similitud:

  • La búsqueda de una causa primera
  • La importancia que le dan a la guerra en la historia
  • El rechazo al concepto de libertad individual y derechos civiles
  • El rechazo y crítica a cualquier tipo de organización y planificación social
  • La consideración de Occidente como una sociedad decadente

En el capítulo seis, Berlin se centra en uno de los elementos comunes entre ambos: la comprensión o preocupación por el carácter inexorable de los acontecimientos, así como el concepto de sentido de la realidad —que curiosamente da título a una de las recopilaciones de ensayos escritos por Isaiah Berlin.

El sentido de la realidad, de Isaiah Berlin
El sentido de la realidad, de Isaiah Berlin

Pasamos al capítulo siete y seguimos con los paralelismos entre Tostoi y de Maistre, si bien, aquí Berlin aprovecha para centrarse en el carácter de los zorros, ya que, según él, los zorros saben muchas cosas, son conscientes de la multiplicidad de cuestiones que conforman la realidad, pero por su carácter ambicioso e inquieto, quisieran poder llegar a una verdad absoluta como la del erizo, a una visión monista de la vida.

En el último capítulo, Berlin reafirma la figura de Tolstoi como ese zorro astuto angustiado por su propia capacidad de laminar el mundo que veía, pero que decidió renunciar a sus críticas y a adoptar una visión única que, por ser tan inaccesible a la razón, podría ofrecer una vía a la paz y la salvación.

Esta contradicción fue una fuente de angustia y dolor para Tolstoi, quien, como dice Berlin «murió agonizante, angustiado por la carga de su infalibilidad intelectual y su sensación de error moral perpetuo, el más grande entre aquellos hombres que no pueden ni resolver ni dejar irresuelta la contradicción entre las cosas como son y como deberían ser.»

Coda final

Os puedo asegurar que este ensayo me ha dejado gratamente sorprendido. No me esperaba que en un libro tan corto pudiera encontrar semejante cantidad de información y reflexiones y, sobre todo, que me acercase a la figura de Lev Tolstoi del modo en que lo hace.

Creo de verdad que este libro puede ser muy del gusto de gente como Alejandra de Acabo de leer, Raquel de La pecera de Raquel, ahora que planea leer Guerra y Paz.

Os animo a leer este libro y ya de paso a perderle el miedo a un autor como Berlin. Yo se lo tenía, pensaba que iba a tener un estilo demasiado denso, pero nada más alejado de la realidad. Si os ha parecido interesante lo que os he contado sobre el libro, o si tenéis algún aporte que hacer en torno a la figura de Tolstoi, dejadme vuestros comentarios más abajo.

Nada más, nos vemos en el próximo episodio. Ciao!

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